Pulpo a la brasa con aceite de pimentón
El olor que te transporta a una calle de piedra junto al mar
Hay un aroma que, para mí, define la felicidad instantánea: el crujiente y salino olor a brasa encontrándose con un tentáculo de pulpo. No es solo comida; es un billete directo. Cierras los ojos y estás allí, en un puerto gallego, con el rumor del mar de fondo y la expectativa de un bocado que es pura magia textural. Hoy vamos a dejar de suspirar por él y vamos a crearlo en casa. No se necesita mucha parafernalia, solo ganas de jugar con el fuego y un secreto: un aceite infundido con el alma roja y dulce del pimentón.

No es un pulpo cualquiera: es tu pulpo de leyenda
¿Por qué esta receta se merece un lugar en tu repertorio de “armas de impresión masiva”? Porque es un acto de equilibrista. Logra lo aparentemente imposible: un exterior con una costra ligeramente carbonizada y aromática, y un interior que se derrite con una terneza casi indecente. Es el plato que sacas cuando quieres que alguien diga “¡guau!” sin proferir palabra, solo con los ojos muy abiertos. Y lo mejor, el 80% del trabajo es dejar que la física y la paciencia hagan su magia. No hay trucos de prestidigitador, solo timing perfecto.
Los creadores de sabor: tu botín de cocina
Olvida listas interminables. Esto es lo esencial, lo que transforma lo marino en sublime.
El protagonista acuático
1 pulpo grande (unos 2 kg) o 1 kg de pulpo ya cocido. Aquí está la primera gran decisión. Si eres valiente y quieres el ritual completo, empieza con el pulpo crudo. Si el tiempo apremia (y no hay nada malo en ello), un pulzo ya cocido de calidad es tu mejor aliado. La textura final, sin embargo, puede variar ligeramente.
El elixir dorado (el aceite de pimentón)
100 ml de aceite de oliva virgen extra suave. No uses un aceite muy picante o amargo, queremos que sea el lienzo, no el protagonista. 2 cucharadas soperas de pimentón dulce de la Vera (¡de calidad!). Esto no es condimento, es el alma del plato. Su aroma ahumado es el puente entre la brasa y el mar. 1 diente de ajo laminado fino. Para un toque de profundidad, no de agresión. Sal gruesa maldita (o en escamas). Es la textura final, ese pequeño crujir salino que corona cada bocado.
El gran secreto no es la brasa, es el “susto”
La ciencia detrás de un pulpo tierno tiene un nombre pintoresco en Galicia: el “susto” o el “golpe de calor”. No es magia, es física pura. Cuando sumerges el pulpo crudo en agua hirviendo y lo sacas tres veces antes de cocerlo completamente, lo que estás haciendo es tensar y contraer sus fibras musculares de golpe. Este shock térmico sella los jugos y empieza a descomponer el colágeno duro de manera controlada. El resultado es una carne que pasa de ser una goma potencial a una caricia gelatinosa. Si partes de pulpo ya cocido, alguien ya hizo este trabajo por ti, pero conocer el proceso te hace apreciar cada bocado infinitamente más. Es la diferencia entre comer y comprender.
Manos a la obra: el ritual del fuego y el humo
Vamos a dividir la batalla en dos frentes: la preparación del pulpo y la creación del aceite embrujado.
Fase 1: La conquista de la terneza (si empiezas desde cero)
Limpia bien el pulpo bajo el grifo frío. En una olla grande, lleva agua a ebullición furiosa. Agarra al pulpo por la cabeza y sumérgelo por los tentáculos solo tres veces, contando hasta 5 cada vez. Verás cómo se curvan de manera espectacular. Después de este “bautizo de fuego”, déjalo caer completamente en la olla y baja el fuego a un burbujeo suave. Cocina durante unos 45-60 minutos (dependiendo del tamaño). La prueba de la verdad: clava una aguja fina en la parte gruesa de un tentáculo. Debe entrar y salir casi sin resistencia. Déjalo enfriar en su propio caldo. Este caldo es oro líquido para un arroz o una sopa otro día.
Fase 2: El aceite que lo cambiará todo
Mientras el pulpo se enfría (o si usas uno ya cocido, ahora mismo), prepara el aceite. En un cacito pequeño, calienta el aceite de oliva a fuego muy bajo. Añade las láminas de ajo y déjalas dorarse lentamente, sin que se quemen. El ajo quemado amarga todo. Cuando estén doraditos, apaga el fuego. Espera 30 segundos para que el aceite baje un poco de temperatura y añade las dos cucharadas de pimentón dulce. Remueve rápidamente. Verás cómo el aceite se tiñe de un rojo profundo y el aroma ahumado inunda la cocina. Deja que se infusione mientras pasas a la acción final.
Fase 3: El momento de la verdad (la brasa)
Seca muy, muy bien los tentáculos del pulpo con papel de cocina. La humedad es el enemigo de la costra. Si usas una plancha o una sartén de hierro, déjala que se ponga bien caliente, casi humeante. Unas brasas de carbón son, obviamente, el sueño. Un chorrito de aceite neutro en la superficie y coloca los tentáculos, presionándolos ligeramente. No los muevas. Deja que se forme esa costra maravillosa durante 2-3 minutos por lado. Debe chisporrotear con alegría. Sácalos, colócalos en una tabla y, con unas tijeras, corta rodajas de tentáculo.
Los pecados capitales del pulpo a la brasa
Vale, has llegado hasta aquí. No lo arruines ahora. Estos son los errores que convierten un manjar en una decepción:
El Pecado de la Prisa: Lanzar el pulpo húmedo a la plancha. Resultado: se cuece en vez de dorarse, y acaba con una textura gomosa y pálida. Secado extremo, siempre.
El Pecado del Miedo al Fuego: Una plancha tibia. El pulpo debe encontrarse con una superficie lo suficientemente caliente como para sellarlo al instante. Si no chisporrotea al contacto, espera.
El Pecado del Ajo Vengativo: Quemar el ajo al hacer el aceite de pimentón. Un aceite amargo arruinará la suavidad del conjunto. Fuego bajo y vigilancia constante.
El Pecado del Ahogado: Bañar el pulpo en el aceite. La gracia es un hilo fino, un aliño, no una sopa. El pulpo a la brasa con aceite de pimentón debe brillar, no nadar.
La escenografía perfecta para este drama gastronómico
Este no es un plato para comer solo frente a la nevera (aunque nadie te juzgaría). Es comida de compartir, de celebración íntima. Imagina una mesa al aire libre al atardecer, con velas que titilan contra el viento. O una mesa de cocina con amigos cercanos y una botella de refresco de manzana espumoso bien frío. La música debería tener un poco de raíz, un poco de alma. Algo de rumba suave o folk acústico. Sirve el pulpo en una tabla de madera grande, con el aceite de pimentón en una pequeña jarrita al lado para que cada uno se sirva. Acompaña con un pan rústico, tostado, para no perder ni una gota del aceite. Es caótico, jugoso y absolutamente glorioso.
Las preguntas que estabas hirviendo por hacer
¿Puedo congelar el Pulpo a la brasa con aceite de pimentón? Sí, pero con estrategia. Lo ideal es congelar el pulpo una vez cocido (y enfriado) y antes de pasarlo por la brasa. Descongélalo en la nevera la noche anterior. El aceite de pimentón, mejor hacerlo fresco, ya que la congelación puede alterar su textura y sabor.
¿Y las calorías en el Pulpo a la brasa con aceite de pimentón? El pulpo es bajo en grasa y rico en proteínas. El aporte calórico principal viene del aceite de oliva. Una ración generosa puede rondar las 350-400 kcal, dependiendo de la cantidad de aceite usado. Es una opción nutritiva y saciante.
Mi pulpo quedó duro, ¿qué hice mal? Lo más probable es que la cocción inicial fuera insuficiente. Recuerda la prueba de la aguja. Si usaste pulpo ya cocido, a veces puede estar poco cocido de fábrica. Una solución de emergencia es cortarlo y saltearlo a fuego bajo en un poco del caldo de cocción hasta que se ablande.
¿Puedo usar pimentón picante? ¡Claro! Pero el clásico gallego suele ser dulce. Si te lanzas con el picante, empieza con media cucharada y prueba. El humo seguirá ahí, pero con un toque de fuego. Combina genial.
¿Qué hago con el caldo de cocer el pulpo? ¡No lo tires! Cuela y guárdalo. Es la base divina para una fideuá, para cocer patatas o para un risotto de marisco. Es sabor puro concentrado.

El veredicto: tu nueva arma secreta
Ahí lo tienes. No es solo una receta, es una experiencia sensorial que puedes recrear cuando quieras. El proceso es parte de la diversión: el olor a brasa, el espectáculo del pulpo dorándose, el momento dramático de verter el aceite rojo y humeante. La próxima vez que quieras transportar a alguien a una taberna gallega con un solo bocado, ya sabes cómo hacer Pulpo a la brasa con aceite de pimentón. Es tu turno. Enciende el fuego, y que el humo te guíe. Para más detalles y trucos, siempre puedes consultar la receta base en Indixer. Y si buscas más inspiración sobre presentaciones espectaculares, Pinterest está lleno de ideas que harán que tus dedos se muevan solos. ¡A la brasa!

Pulpo a la brasa con aceite de pimentón
Ingredients
Ingredientes
- 1 kg pulpo entero fresco o congelado Si está congelado, descongelar en nevera. Congelarlo previamente ayuda a ablandar la carne.
- 3 litros agua Para la cocción
- 2 cucharadas sal gruesa Ajustar al gusto
- 4 cucharadas aceite de oliva virgen extra Para el aliño
- 1 cucharadita pimentón dulce de La Vera Usar de calidad para un sabor óptimo
- 2 dientes ajo picados finamente
- 1 pizca sal para el aceite de pimentón
- 1 cucharada perejil fresco picado opcional, para decorar