Crujientes, hojaldrados y con capas de mantequilla perfectamente laminadas. Estos croissants caseros son la definición de un desayuno de lujo, con un sabor a mantequilla y una textura irresistible.
Para un croissant perfecto: la mantequilla y la masa deben tener la misma consistencia (fría pero maleable). El reposo en frío entre pliegues es clave para las capas. Se pueden congelar antes de hornear (sin fermentar). Descongelar toda la noche en la nevera y fermentar antes de hornear. Almacenar en un recipiente hermético hasta 2 días, o congelar hasta 1 mes. Recáldalos en el horno para recuperar la textura crujiente.