Un bizcocho esponjoso, húmedo y lleno de aroma cítrico, perfecto para la merienda o como postre sencillo. Su textura ligera y su sabor refrescante lo convierten en un clásico infalible de la repostería casera.
Para un bizcocho más jugoso, puedes bañarlo con un almíbar hecho con el resto del jugo de limón y un par de cucharadas de azúcar calentadas juntas. Se conserva perfecto a temperatura ambiente, tapado con film o en una tartera, durante 3-4 días. También se puede congelar entero o en porciones, envuelto en film y después en papel de aluminio. Para una versión diferente, sustituye el limón por una naranja.